La noche más larga, una farmacéutica en Suecia

Sofia, en el laboratorio sueco

Sofia, en el laboratorio sueco

Después de mi experiencia como estudiante Erasmus en Italia, supe que lo de ir al extranjero iba conmigo. Volví en septiembre y en octubre empecé a ir a las charlas que organizaba el Observatorio Ocupacional para buscar prácticas en el extranjero. El primer año tuve un intento fallido con Hamburgo. No me aceptaron. Pero el camino que recorrí me sirvió de mucho. Me abrió muchas puertas. Jamás me arrepentí de haberlo intentado.

El curso pasado volví a intentarlo. Esta vez con Brasil, a través de IAESTE. Y me aceptaron. Sin embargo, por otro lado, también solicité otra beca Faro para Estocolmo. Para mí fue hacer por hacer. No tenía ninguna esperanza de que me cogieran. Karolinska Institutet… demasiado prestigio para mí. Sorprendentemente acabé rechazando Brasil para aventurarme al que sería el invierno más largo y duro de mi vida (y de la de muchos suecos también).

Todo empezó en septiembre de 2009. Ciudad nueva. Gente nueva. País y cultura nuevos… Y un miedo terrible a no sobrevivir en la capital escandinava. El frío podía conmigo. Y todo el mundo me advertía de la falta de luz y, en consecuencia, las altas tasas de suicidio. Tenía miedo. Pero no pensaba perdérmelo.

Y es cierto que fue duro. Los primeros meses, el otoño, fue lo peor. Semanas enteras sin ver un rayo de sol. Sin poder distinguir la hora del día o imaginar donde podría estar escondido el sol. Comer a las 14 h. y que sea de noche me resultó difícil. Pero la acogida en el laboratorio fue tan cálida (a pesar del carácter frío de los suecos) que pude llevar bien las adversidades climáticas.

Desde el primer día Lucía y yo (otra estudiante de Salamanca que obtuvo la misma beca) fuimos gratamente acogidas. Hemos trabajado y aprendido muchísimo; en ningún momento nos hemos sentido explotadas, como puede ser la imagen que tengan muchos de un becario. Es más, el hecho de ser estudiantes nos ha servido para tomarnos la libertad de coger algún que otro día libre y viajar.

Durante estos nueve meses hemos estado colaborando en diferentes proyectos de investigación biomédica, en el área de toxicología. Al participar en varios a la vez, hemos podido aprender muchas técnicas de laboratorio. Ahora me siento mucho más familiarizada con el mundo de la investigación.

 

¿Lo mejor de la experiencia? Ver cómo se trabaja en otras partes del mundo. Y no tan lejos: Europa. Unos cuantos kilómetros hacia el Norte y la mentalidad cambia totalmente. Se me han caído muchos mitos: los españoles no trabajamos tan mal ni tan poco, ni los suecos trabajan tanto ni tan bien. Por otro lado, este período me ha servido para aclarar un poco mis ideas en cuanto a mi futuro laboral. Cuando terminé la carrera de Farmacia no tenía nada claro. Hospital? Investigación? Máster? Ahora sé un poquito más hacia donde encaminarme. O, por lo menos, hacia donde no quiero ir.

Sin embargo, a pesar de que profesionalmente me ha servido de mucho, lo mejor es, y siempre lo diré, como cuando volví de Erasmus, la experiencia personal. Nada como salir al extranjero tú solo para conocerte a ti mismo. Y después los viajes, la cantidad de gente que conoces de todo el mundo, los buenos amigos que haces y, por supuesto, las fiestas.

Además, el estar aquí me ha enseñado a valorar mucho más el sol que tenemos en España. Yo ya era una fanática del verano, pero sé que éste lo voy a coger con muchas más ganas. Y ahora, en mayo, que hasta las 23 h. todavía hay luz y a las 3 h. los pájaros ya están cantando, no vas nunca a casa. Después del trabajo vas a hacer una barbacoa o a tomarte algo al parque. Pero con una condición: siempre en la calle, hasta que ya no haya luz. No me quiero ni imaginar en junio.

Mi consejo: inténtalo siempre. Aventúrate siempre. Que ningún destino te dé miedo. Cuánto más diferente de tu país de origen, más lo disfrutarás. Yo ya estuve en Italia, y Suecia ha sido mucho más espectacular e interesante. Gente tan diferente. Climas extremos. Viaje a Laponia a -35ºC. Otro mundo. Además Estocolmo es una ciudad muy cosmopolita. Muy bien preparada para gente extranjera. Ni siquiera me ha hecho falta aprender sueco (aunque no me hubiese venido mal, sobre todo para entender cuando los trenes de repente cambiaban de dirección y no aparecer en otra estación).

Y nunca pensar “para qué? Si sé que no me van a coger…” Nunca lo sabes. Y, además, cómo he dicho antes, por el camino se te abren muchas puertas. Nunca sabes a quién vas a conocer.

Animaros. Para cualquier cosa podéis escribirme. En mi departamento del Karolinska están abiertos a acoger más estudiantes. Yo mientras pensaré en mi próxima ciudad.

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